martes, 16 de septiembre de 2008

TAYRONAS, EMBERAS Y MUISCAS.

Tayronas
Los tayronas formaban un pueblo precolombino de la familia Chibcha. Habitaron el departamento del Magdalena, en la cara norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, incluyendo las cuencas de los ríos Guachaca, Don Diego, y Buritaca y la zona baja costera comprendida dentro del Parque Nacional Natural Tayrona. La palabra "tayrona" fue usado por los cronistas españoles de los siglos XVI y XVII para referirse a estas poblaciones en términos genéricos.
La lengua de los tayronas, el tayrona, pertenecía a la familia lingüística Chibcha, de la cual también eran miembros las incontables variaciones dialectales de cada conurbanado de la confederación muisca. Por eso entre los muiscas y los tayronas existían ciertos lazos culturales, haciendo las relaciones entre ellos más fluidas que las existentes con otros pueblos, como los quimbayas.
Historia
Los restos arqueológicos indican que la zona de Santa Marta fue habitada desde el año 200 por agricultores y artesanos que contaban con una compleja organización sociopolítica y con conocimientos de ingeniería y arquitectura, como demuestra la construcción de grandes pueblos con casas de piedra, caminos, puentes y muros de contención en la sierra.
En 1976 se descubrió la ciudad de Teyuna, fundada por los tayronas en el año 800 y habitada hasta el 1600. Poco más se sabe hasta ahora de su historia.
A principios del siglo XVI esta sociedad se encontraba organizada en unidades políticas de varias dimensiones que ejercían control sobre distintos territorios en el macizo montañoso, desde el mar Caribe hasta las cumbres del Gonavindua (Simón Bolívar) y el Aloglue (Cristóbal Colón). Cada población era independiente y estaba dirigida por su propio cacique, con distintas alianzas y enemistades entre ellos.
El primer contacto con los conquistadores españoles se dio en 1498 con la llegada de Fernando Gonzalez de Oviedo, con quien los caciques de la zona establecieron relaciones comerciales. En 1525, con la fundación de la ciudad de Santa Marta por Rodrigo de Bastidas, los españoles intentaron establecer una presencia más fuerte en la zona, dando inicio a la empresa colonial española en esta parte del continente sudamericano. Entre 1525 y 1599, las relaciones entre los pueblos indígenas de la zona (que incluían además de a los tayrona a los guanebucán, los malibúes, los guajiros, los kosina, y los chimila entre otros) y los colonos españoles se caracterizaron por su inestabilidad: intensos periodos de conflicto y guerra en los que se intentaba dominar a los habitantes eran seguidos por años de calma tensa en las que los españoles se veían forzados a establecer relaciones pacíficas con las distintas comunidades.
Durante este tiempo, los tayrona quemaron Santa Marta varias veces, conquistaron el fuerte español de Bonda, establecieron relaciones comerciales con piratas ingleses y franceses, y en general, consiguieron limitar el crecimiento de la colonia española. Entre 1599 y 1600, el gobernador de Santa Marta, Juan Guiral Velón, emprendió una intensa campaña militar para sojuzgar a estas poblaciones. Un intento fallido de alianza entre los distintos poblados dio pie para que el gobernador pudiera capturar a los caciques uno a uno, cortándoles la cabeza y descuartizándolos. Los pobladores que no lograron escapar fueron llevados a los alrededores de Santa Marta y entregados a encomenderos. Los sobrevivientes se internaron en las partes más altas del macizo para escapar a los españoles, y sus descendientes son los Kogis, que han permanecido aislados hasta ahora.
Organización social


Bastón ceremonial de piedra verde del siglo XVI.
La estructura político-administrativa de los Tayrona no está bien conocida, pero las investigaciones han concluido que mezclaba aspectos federales con otros centralistas. Cada ciudad grande (unos 1000 habitantes) generalmente contaba con un cacique, figura más bien administrativa con pocas atribuciones divinas, a diferencia del resto de culturas de la América Prehispánica, que semi-deificaban a los líderes de las tribus o ciudades. El cacique cumplía dentro de los límites de su ciudad funciones ceremoniales, ejecutivas, y judiciales.
La institución más respetada e incluso venerada era la formada por los sacerdotes; a pesar de carecer de autoridad ejecutiva, influían notablemente en las decisiones de los consejos y regían la vida de los habitantes bajo los preceptos de los dioses. Como los españoles creyeron ver en la religión de los tayronas el culto al diablo, los naomas o sacerdotes fueron perseguidos duramente y los templos incendiados.
También había especialistas en distintos oficios, como agricultores, artesanos y mercaderes, que formaban el motor de la economía.
Otro gran grupo de ciudadanos era el de los manicatos o guerreros, que estaban encargados de mantener la paz entre los tayronas y de defenderlos de las posibles agresiones de otras tribus. Se destacaban por su fiereza y ocupaban una posición social elevada.
En último lugar se encontraban los esclavos.
En la época de la conquista, los tayronas tenían diferentes prácticas culturales que otras poblaciones americanas. Las fuentes etnográficas destacan la existencia del divorcio y la aceptación de la homosexualidad, lo que los diferenciaba de su conquistadores católicos. Sin embargo, es posible que las referencias a la homosexualidad sean consecuencia de una interpretación errónea de prácticas religiosas. La religión de los tayrona, y en cierto grado la de los modernos kogui, separa mucho a varones y mujeres en la vida diaria. Las descripciones sobre la homosexualidad de los tayronas probablemente fueron una tentativa del mando católico de suprimir la casa masculina de reunión, que era un lugar permanente de intensa actividad religiosa, a igual que entre sus descendientes koguis. Muchos de los hombres adultos están implicados en rituales que duran días y que consisten a veces sobre todo en deliberaciones, consumo de coca y meditación.
Economía
La economía tayrona, era poco dependiente del comercio, es más, es posible afirmar que era autosuficiente, pues los territorios tayronas comprendían todos los pisos térmicos: zonas al nivel del mar, donde tenían acceso a la pesca, areas templadas y áreas cultivables paramunas, todas profusamente recorridas por ríos de todos los caudales. En lo referido a su alimentación, los tayronas fueron los inventores de los bollos: el maíz producido en la Sierra Nevada era demasiado duro para comer, así que lo amasaban para que fuese más fácil de cocer. La técnica del bollo fue posteriormente mejorada por los zenúes, cuyos territorios eran mejores para el cultivo del maíz, hasta que actualmente se considera que los departamentos de Córdoba y Sucre (Zona de influencia zenú) son los creadores de esta receta. Además de bollos, los tayronas eran consumidores de chicha y arepas en grandes cantidades. Para endulzar las bebidas, usaban la miel, que producían en colmenas hechas por ellos. Entre las frutas, sobresale la producción de guanábanas, piñas, aguacates y guayabas. También cultivaban varios tipos de hortalizas. El consumo de carnes era escaso, usualmente consumían carne de cabra o de roedores en momentos especiales, pero generalmente comían pescado.
Obras públicas
Dentro del territorio tayrona todos los pueblos y ciudades estaban comunicados por una red de caminos de piedra, que se extendía desde las laderas bajas hasta los parajes más alejados de la Sierra Nevada. Sus viviendas tenían forma circular, construidas generalmente sobre terrazas de piedra; no tenían ventanas, los techos eran de palma de montaña. Los muros eran de adobe y piedras pequeñas, y estaban pintados con cal y agua, aunque a veces se hacían de paja en las ciudades más cercanas al agua.
En la construcción de las ciudades primero se hacían las terrazas que proporcionaban los árboles y la madera; luego estas terrazas se usaban para las labores agrícolas y para construir las viviendas. Se hacían canalizaciones para llevar el agua de montaña a las viviendas; Tanto las canalizaciones como las ciudades y las terrazas de cultivo fueron diseñadas de forma tal que evitaba la erosión.
El tamaño de cada vivienda indicaba la importancia del morador. Había también edificios especiales, como almacenes y templos.
Uno de las aldeas más conocidas y de los sitios arqueológicos tayronas se conoce como Ciudad Perdida. Era una ciudad importante, con cerca de 13 hectáreas, y los estudios demográficos recientes sugieren que estaba habitado por entre 1.500 a 2.400 personas que vivían en por lo menos 11.700 metros cuadrados en 184 casas redondas construidas en terrazas pavimentadas con piedra. Hay muchos otros sitios de tamaño similar o mayor.
Un lugar más grande, Pueblito está situado cerca de la costa. Según la investigación de Reichel Dolmatoff, contiene por lo menos 254 terrazas y tenía una población de cerca de 3.000 personas. Los estudios arqueológicos regionales demuestran que también había aldeas grandes en la ladera occidental de la sierra Nevada de Santa Marta, como Antigua y Posiguieca.
Orfebrería


Colgante antropomorfo Tayrona, representando un chamán con dos cetros, un gran ornamento nasal y un sombrero alto con dos tucanes. Fabricado con la técnica de la cera perdida con decoración afiligranada falsa, entre el siglo X y el XV.
En el área de la orfebrería los tayronas tenían un papel principal, pues desarrollaron bastante técnicas como:
la cera perdida, que consistía en hacer moldes de barro rodeando una figura de cera, que se derretía después de calentar el empaque de barro. Luego de sacar la cera derretida, el orfebre vertía el oro líquido en el espacio dejado por la figura de cera, posteriormente esperaba a que se solidificara y rompía el molde para sacar la figura deseada.
la tumbaga, una aleación de cobre y oro que permitía ahorrar recursos y derretir más fácilmente el oro.
tratamientos para mejorar la calidad del oro, como calentarlo hasta la oxidación del cobre y luego sumergirlo en agua helada para conseguir una pátina permanente de oro y evitar que la pieza se cuartease. Finalmente el proceso terminaba con el lijado de la pieza hasta que llegara a la perfección.
Se cree que varias de estas técnicas fueron desarrolladas por los muiscas y exportadas al pueblo tayrona. A su vez, a estos también se les considera exportadores de técnicas de orfebrería e hilados: mientras la mayoría de las primeras obras muiscas parecen toscas y mal terminadas (aún cuando la calidad del oro es superior), las tayronas son técnicamente perfectas. La técnica de la cera perdida mejoraba la estética de las obras, por lo que los muiscas prácticamente abandonaron el método del repujado directo, que además de inexacto le restaba vida útil a la pieza (por el riesgo de cuartearse), y que también restringía las obras a láminas, ya que repujar sobre el oro bruto es casi imposible. A su vez, los tayronas, al aprender métodos como la inmersión de la pieza en agua, mejoraron sustancialmente la calidad del material y la belleza del ornamento.
Cerámica
La cerámica Tayrona se ha datado a partir del año 200 a. C. y hasta el 1650, y en la costa colombiana del Caribe hay evidencia de cerámica en de al menos el 2500 a. C. Investigaciones recientes del arqueólogo Alejandro Dever en Chengue, Parque Tayrona, demuestran variaciones significativas para una división cronológica en cinco fases:
Fase 1, del 200 a. C. al 500 d. C. y fase 2 del 500 al 900, ambas formando el periodo Nehuange.[1]
Fases 1, 2 y 3 del llamado periodo Tayrona, desde el 900 al 1650. Estas tres fases se caracterizan por un aumento considerable en la variación, tamaño y el número de formas de las piezas de cerámica, conservando también estilos del periodo Nahuange; tienen diferencias locales significativas.[2] Durante el período Tayrona, aumentan las evidencias de intercambio, al igual que la población de la región entera. Las causas de este aumento de población no se conocen.
· LEYENDA O MITO MIRTHAYU
· Hace muchísimos años el Cacique Tairón, vecino de los Michúes tenía como rutina ofrecer un sacrificio. En uno de ellos, apareció de repente una nube que esparcía rayos de mil colores. Entre más se acercaba, era más fácil distinguir que en su seno iba una mujer muy hermosa. Tairón y su tribu cayeron de rodillas, lanzando exclamaciones y gritos de alegría, pues creyeron que llegaba a ellos el dios a quien le estaban ofreciendo el sacrificio.
·
· La dicha aumentó cuando la deslumbrante dama le entregó a Tairón y a su tribu una tierna niña y las instrucciones precisas para criarla y forjar su futuro. Los Taironas dedicaron toda su atención y esmero a la crianza de esta hermosa criatura y por nombre le pusieron Mirthayú y la eligieron como su única reina.
·
· Mirthayú se convirtió en la adoración de los Michúes por su belleza, personalidad y el amor que manifestaba hacia su tribu. Pero un día llegó un gigante llamado Matambo, que se encargó de sembrar el terror en la tribu de los Taironas. Ellos, ante aquella amenaza, recurrieron presurosos a su reina y le suplicaron que interviniera ante el inminente peligro.
·
· Mirthayú se enfrento al gigante y éste al verla quedo hipnotizado por su belleza. Entonces, inclinó reverente su cabeza ante la reina y le pidió disculpas por el atropello que estaba cometiendo contra los suyos. Así todo volvió a quedar en paz armonía.
·
· Entre Mirthayú y Matambo nació una amistad que después se convirtió en amor. Juntos resolvieron viajar al macizo colombiano, guiados por el hilo brillante formado por las aguas del rió Guacacalló, hasta llegar a su nacimiento. Al regresar, el gigante tuvo que enfrentarse a la tribu de los valientes Michúes, quienes se opusieron a que Matambo cruzara por sus predios.
·
· Para evitar que algo le pasara a su amada, Matambo le pidió que se alejara hacia los cerros del oriente para que desde allí observara su triunfo o su derrota. Sin embargo, desde lejos, Mirthayú vio como miles de Michúes atacaban a su amado. La pelea terminó cuando el gigante cayó estruendosamente al suelo. Mirthayú desesperada intentó prestarle ayuda y le pidió apoyo a su jefe Tairón, pero todo fue en vano.
·
· La reina recurrió a los hechiceros para que le devolvieran la vida a su amado, pero ellos nada pudieron hacer. Recorrió los senderos en busca de auxilio y arrancó su rubia cabellera, el viento se la arrebató de las manos y la esparció por la zona cercana dando origen a los farallones y altares que hoy se observan al llegar al municipio de Gigante, en el Huila.
·
· Mirthayú desfalleciente y de rodillas pidió protección a Tairón y a sus dioses y cuando menos lo esperaba se aproximó una nube de colores de la que descendió su madre. Ésta la tomó entre sus brazos, limpió sus lágrimas y la acompañó en su llanto. Pero Mirthayú se desplomó sobre el suelo y murió.
·
· La reina pronto entregó su alma al creador del universo. La cabeza de Mithayú quedó hacia el oriente, los pies sobre el río Guacacallo, la mirada prolongada al infinito y los senos desnudos y desafiantes, como dos pirámides enfrentadas al sol. Hoy, después de muchos años, Mirthayú y Matambo están convertidos en dos enormes rocas encantadas, visibles desde la carretera central del Huila. Ella con sus atractivos "senos de reina" y él con la perfección de su perfil, ambos mirando hacia el cielo.

Los Embera son un pueblo amerindio del occidente de Colombia y el oriente de Panamá. Son unas 60 mil personas. Se conocen como emberá katío a los que habitan en el alto Sinú y el alto San Jorge, departamento de Córdoba y en Urabá; en Colombia, embera chamí a los que viven en las cordilleras occidental y central de los Andes colombianos, departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío y Valle; Chocoes o simplemente Emberá a los que habitan las cuencas del río Baudó y del bajo San Juan, municipios de Istmina, Alto Baudó y Pizarro; el río Curiche, municipio de Juradó en el Chocó (Colombia); y en la Comarca Emberá-Wounaan en el Darién (Panamá); y como eperara siapidara o epená, a los de la costa Pacífica de los departamentos de Valle, Cauca y Nariño en Colombia.
Forma de vida
Tienen un patrón de poblamiento disperso y expansivo por grupos de parientes tanto por línea paterna como materna. Con el aumento de población, por limitación de los recursos por deseo de cambiar o conocer o por alianzas matrimoniales o por divergencias, un grupo de parientes se desprende de un asentamiento y se localiza en otro río o en otro lugar del mismo río o en otra montaña, reproduciendo la misma organización social originaria.
Sus actividades principales son la horticultura itinerante de tumba y pudre (no hay quema sino que se deja descomponer lo tumbado para luego sembrar), y la pesca. Practican también la caza y la recolección.
Los Embera se clasifican a sí mismos según sus condiciones de vida, como Dóbida, habitante de las riberas de los ríos; Pusábida, habitante de las costas marítimas (del Pacífico); y en el Chamí (la cordillera), Oíbida de los bosques andinos y Eyábida de las zonas deforestadas.
En la medida en que la colonización destruyó los bosques donde habitaban, varias comunidades Chamí se han hecho sedentarias, con cultivos temporales o permanentes en parcelas familiares establecidas e inclusive algunos grupos son jornaleros, a partir de que sus territorios fueron absorbidos por las haciendas cafeteras, de algunas de las cuales fueron expulsados recientemente cuando bajaron los precios internacionales del café. En el departamento del Chocó, en Colombia, viven en comunidades siguiendo los modelos tradicionales y tienen su propia forma organizativa.



Jaibanismo
Un aspecto de la importante vida de los Embera es su relacionamiento con los espíritus jai por medio de sus jaibanás, chamanes no hereditarios que aprenden de sus maestros ya experimentados, sobre el poder mágico espiritual, desde el cual se regula la vida, la salud, la subsistencia y la naturaleza.
Conciben tres formas de jai: los del agua, Dojura, junto con las Wandra, madres de los animales y plantas que moran en las cabeceras de los ríos; los Antumiá de la selva profunda; y los de los animales selváticos que son transformaciones de almas de los humanos muertos.
Los tratos de los jaibaná con los jai garantizan las actividades fundamentales de la sociedad y la continuidad de los ciclos naturales, estableciendo a la vez la territorialidad de las comunidades. Estos tratos tienen un carácter cosmológico en la medida que la comunicación y convenios con los jai regulan los intercambios entre los diferentes niveles superpuestos del universo.
Dachizeze, padre del mundo más alto, engendró a Tutruicá en el mundo más abajo y a Caragabí en este mundo. Se cuenta que Caragabí pudo hacer a los humanos sólo al pedir prestado el barro a Tutruicá y luego hizo moverse a los humanos porque supo quitarle la pesadez de la tierra. El maíz y el chontaduro fueron traídos de un nivel más alto. Sin el intercambio de materiales y saberes entre mundos, la de la sociedad y la naturaleza no podría continuar. Caragabí logró derribar el árbol Jenené y en su raíz brotó el mar y sus ramas son los ríos y sobre los ríos está una gran serpiente, Jepá, con la que se puede acceder a transportarse entre niveles del mundo, lo cual también ocurre en las cabeceras de los ríos, donde transitan los seres del mundo de abajo y arriba. Los animales cazados que tienen sus madres en las cabeceras de los ríos son gente de abajo visibilizada como animales y las almas de los humanos muertos pueden ser comida de la gente de abajo, como cuando una serpiente pica un humano, se considera que la gente de abajo lo ha cazado.
Los jaibaná continúan la labor de Caragabí y otros héroes de los relatos, al ser instrumentos de trato con los niveles del cosmos y propiciar la continuidad de los intercambios que caracterizan la vida, que es naturaleza y sociedad a la vez.
Lengua
Su idioma pertenece, junto con el de los Wounaan, a la familia de lenguas chocó, que algunos agrupan en una macrofamilia con las lenguas caribe. El embera es una lengua aglutinante y ergativa que privilegia la visión del objeto (o paciente) del verbo.
Muiscas
Muisca es la etnia indígena que habitó el Altiplano Cundiboyacense, por lo menos desde el siglo VI ad.C. hasta la conquista española en el siglo XVI, miles de cuyos descendientes directos aún viven en localidades del distrito de Bogotá como Suba y Bosa, y en municipios vecinos como Cota, Chía y Sesquilé. Y cuyos descendientes mestizos conforman gran parte de la población colombiana actual que habita la cordillera oriental.
El idioma muisca (muyskkubun) era parte de la familia lingüística Chibcha.[1] Cultivaban maíz, papa, quinua y algodón, entre otros. Excelentes orfebres, practicaban el trueque de mantas, sal, cerámicas, coca y esmeraldas con pueblos vecinos y de las riberas del Río Magdalena.
Organización política y administrativa


Ubicación del territorio de las confederaciones muiscas en la actual Colombia.
La Confederación Chibcha era la forma político-administrativa que conformaba la Cultura Muisca tal como fue encontrada al momento de la llegada de los conquistadores en 1537. La conformación confederal presupuso el predominio de los psihiqua,[2] jefes o caciques, dentro de cada comunidad. El origen y parte de la explicación de de unidades políticas que trascendían la comunidad debe buscarse en los lazos de parentesco, como los que existían entre los caciques de Bacatá y Chía, Tunja y Ramiriquí o Duitama y Tobasía.[3] Aunque la necesidad de unirse para ejecutar obras o comerciar o de aliarse temporalmente durante las guerras, haya desempeñado también un papel en la articulación confederal, entre los Muiscas la tendencia prepondrante llegó a ser la sujeción de las comunidades más débiles por las más fuertes, por medios militares.[4]


Representación orfebre de la antigua tradición del Zipa que, cubierto en oro, hace ofrendas a la diosa de la Laguna de Guatavita. En esta tradición está el origen de El Dorado.
El cacique dominante dentro de una confederación respetaba el gobierno autónomo de los caciques subordinados y mantenía la territorialidad de las respectivas comunidades, pero se convertía en el máximo jefe militar y además el detentador final y principal beneficiario de un sistema de tributos comunitarios que ha sido documentado.[5] Operaba una superposición de estructuras de caciques y comunidades dominantes, subdominantes y dominados,[6] a la que le correspondían caciques de jerarquía diferente, que los españoles denominaron "señores" (zipa), "caciques" (uzake, eran convocados a los consejos), "capitanes" (sybintiba) y "capitanes menores" (utatiba).[7] Se heredaba el cargo por línea materna.[8]
Las confederaciones hermanas, ubicadas en el Altiplano Cundiboyacense, área central de la Cordillera Oriental de los Andes colombianos, comprendían un territorio de aproximadamente 46.972 km2 (área un poco mayor que la de Suiza: 41.285 km2), desde el norte de Boyacá hasta el Páramo de Sumapaz, y desde las cimas hasta las faldas de la cordillera en la Cundinamarca oriental, limitando con los Panches y Pijaos, tenía una población de aproximadamente un millón de habitantes. Pero el área de influencia de la cultura muisca es mayor, comprendiendo parte de Centroamérica.
Las confederaciones conservan la soberanía, luego es inexacto hablar de un "Reino Chibcha" y mucho menos de un "Imperio Chibcha". El caso del "reino" no se cumple porque no existía un monarca absoluto y no se cumple el caso del "imperio" porque los muiscas no sometieron pueblos no-muiscas a su régimen político. En este sentido las confederaciones Chibchas no pueden ser comparadas al Imperio Azteca o al Imperio Inca que le eran contemporáneos. La importancia política de la Confederación Chibcha es que fue la más grande y la más organizada confederación de tribus del continente. Cada comunidad estaba regida por su jefe o cacique, tenía su autonomía y se sentían parte de su confederación.
Los Muiscas no trataron de agregar a esas confederaciones a otras etnias, sino que sus jefes se batían entre ellos para unirse entorno al vencedor.[9] La confederación, además de ser entre tribus hermanas, de la misma cultura e idioma, garantizaba el trueque y la defensa común ante enemigos externos. Por esta razón el ejército dependía directamente del máximo jefe de la confederación (Zipa o Zaque) conformado por los güechas, los tradicionales guerreros muiscas.
Gobernantes muiscas
Artículo principal: Gobernantes muiscas
Al llegar los europeos, había dos confederaciones principales, la de Hunza (hoy Tunja), cuyo soberano era el Zaque y la de Bacatá cuyo soberano era el Zipa.[10] Ambas confederaciones tenían relaciones políticas estrechas dada la afinidad étnica y cultural, pero mantenían rivalidad. Además de Bacatá y Hunza, los cronistas refieren la existencia independiente de las confederaciones de Duitama (Tundama), y Sogamoso (cuyo jefe era el Iraca).[11]
Confederación (Zipa o Zaque)
--> Sacerdotes (Chyquy))
--> Cacicazgos (Cacique Uzaque)
--> Capitanía (Capitán)
--> Sybyn
--> Uta
Territorio del Zipa (Dividido en cuatro partes):
Cacicazgo de Bacatá: Funza, Tenjo, Subachoque, Facatativá, Tabio, Cota, Chía, Cajicá, Zipaquirá, Nemocón, Engativá, Bosa, Soacha y Zipacón.
Cacicazgo de Guatavita: Guatavita, Sesquilé, Guasca, Sopó, Usaquén, Tuna, Suba, Teusacá, Gachetá, Chocontá y Suesca entre otras.
Cacicazgo de Ubaque: Ubaque, Choachí, Chipaque, Cáqueza, Usme
Cacicazgos de Fusagasugá: Fusagasugá, Pasca y Tibacuy.
Cacicazgos de Ubaté: Ubaté, Cucunubá, Simijaca, y Susa.
Territorio del Zaque: Hunza, Ramiriquí, Machetá, Moniquirá, Tenza, Sutatenza, Somondoco, Soratá, Tibirita, Lenguazaque y Turmequé.
Territorio del Tundama: Duitama, Tobasía, Paipa, Cerinza, Ocavita, Onzaga, Soatá, Ibacucu, Sativa y Tibaná, entre otras.
Territorio del Iraca: Sogamoso, Bombaza, Busbanza, Chipatá, Pesca, Pisba, Tópaga, Toca entre otras.
Cacicazgos autónomos: Saboyá, Charalá, Chipatá y Saquencipa, Tacasquira, Tinjacá, entre otros.
La confederación de Guanentá,[12] no era de Muiscas, sino de Guanes, y la de Cocuy[13] de Tunebos, pueblos ambos de lenguas Chibchas, pero diferentes.
La legislación muisca estaba basada en la consuetudine, es decir, en la fuerza de la tradición. Un determinado comportamiento más o menos aceptado por el común y aprobado por la máxima autoridad (Zipa o Zaque), era tenida por todos como fuerza de ley. En tal sentido dicha manera de legislar corresponde naturalmente al modo organizativo de una confederación y de esta manera la normatividad muisca tenía un admirable nivel administrativo. Los recursos naturales no podían ser privatizados. Bosques, lagunas, páramos, ríos y recursos naturales en general pertenecían al bien de todos.
Economía
La Confederación Chibcha explotaba los siguientes productos minerales:
Esmeraldas: aún hoy Colombia es el primer productor mundial de esmeraldas y son tenidas entre las más preciadas del planeta. Estas vienen del territorio que constituía la Confederación Chibcha.
Las minas de cobre.
Carbón: tanto vegetal como mineral. Hoy todavía se siguen explotando minas de carbón, por ejemplo en Zipaquirá y en este producto Colombia es una de las principales reservas mundiales de carbón en el mundo.[14]
Sal: las minas de sal de Nemocón, Zipaquirá y Tausa.
Oro: el oro era importado y llegó a ser tan abundante que fue material principal para la artesanía muisca (orfebrería) con fines religiosos. Este material dentro del territorio de la Confederación más la tradición de Guatavita crearían el mito de El Dorado.
Era una sociedad agrícola que tenía un complejo sistema de regadíos. Otras actividades económicas fundamentales eran la orfebrería y la cerámica. Se conservan piezas únicas del arte precolombino muisca de figuras de extraordinaria fineza.
De manera muy especial hay que mencionar la producción textil muisca. Al respecto dice Paul Bahn que las culturas andinas dominaron todas las técnicas de tejido y decoración y ya para el 3000 a. C. habían desarrollado los textiles de algodón y producían tejidos de extraordinaria delicadeza superiores en muchos casos a los contemporáneos.[15] De los muiscas, citando a la arqueóloga Sylvia Broadbent quien estudió tejidos pintados de algodón, concluye que las técnicas eran complejas para producir telas de una sola pieza con innumerables entretejidos y una capacidad de resistir el tiempo.
El mercado era sitio obligado de la economía de las comunidades, que practicaban la compra-venta y aun más el trueque. Allí se cambiaban productos de primera necesidad como el maíz, la sal, miel, frutas, granos y mantas e incluso artículos de lujo como plumas de pájaro, cobre, algodón, coca y caracoles marinos importados desde el territorio Tayronas. Bacatá, Chocontá Pacho y Hunza tenían los más grandes mercados de todo el territorio. La moneda general eran unos "tejuelos" redondos de oro, aunque esmeraldas, sal, coca y mantas de algodón también fueron usadas como equivalentes monetarios o para facilitar el trueque.
Idioma
Artículo principal: Idioma muisca
El chibchano, muysca cubun o muisk kubun, pertenece a la familia lingüística Chibcha[1] que se extendió por varias regiones de Centroamérica y el norte de Suramérica. Los tayrona y los U'wa, que pertenecen a la misma familia muisca, hablan un idioma relacionado, lo que permitió que los tres pueblos establecieran fuertes nexos de intercambio económico y espiritual. Muchas de las palabras muiscas entraron a formar parte del castellano colombiano así:
Nombres geográficos: nombres de poblaciones y localidades fueron conservados. En muchas ocasiones los conquistadores nominaban una fundación española con un nombre castellano y otro muisca (por ejemplo "Bogotá". La toponimia de los municipios de los departamentos de Boyacá y Cundinamarca en su mayoría proviene del muisca: Bogotá, Sogamoso, Zipaquirá, Chía, Soacha, Bojacá, Bosa, entre muchos otros. También la palabra "chucua" para designar un pantano.
Nombres naturales: la curuba y la uchuva, por ejemplo, son frutas.
Relaciones: al hijo menor se le dice "cuba", "china" para referirse a una muchacha, muysca significa "gente".
Cultura
Los muiscas constituían y constituyen una sociedad agrocerámica y manufacturera perteneciente a la región andina del norte de Suramérica. La manera de organización política ya descrita los hacía una unidad cultural compacta y disciplinada. Los aportes de los muiscas a la identidad nacional colombiana hoy son incuestionables, más aún porque la Confederación Chibcha no era otra cosa que la máxima representación político-organizativa de una cultura y una familia linguística mayor. El estudio de la cultura muisca es motivo de permanente investigación y ello contribuye en parte a entender la identidad del colombiano.
Religión
Los sacerdotes se formaban desde la infancia y eran los responsables de dirigir las principales ceremonias religiosas. Nadie más que los sacerdotes podía entrar al interior del templo. La religión muisca contemplaba los sacrificios humanos, pero es probable que a la llegada de los españoles estos hubieran desaparecido tiempo antes y los relatos de sacrificios humanos entre los muiscas sean historias transmitidas por tradición oral, pues no existe un testimonio de primera mano que mencione un sacrificio humano contemporáneo a la presencia de los españoles. En todo caso las fuentes coinciden en que cada familia debía ofrecer un hijo a los sacerdotes, el cual era criado por ellos como persona sagrada y a los 15 años era sacrificado a Xué, lo que constituía un honor para la familia y para la víctima. Junto a las actividades religiosas, los sacerdotes participaban de la vida de la comunidad con recomendaciones acerca de la agricultura o mediando en casos de conflicto entre los líderes políticos.

Culto solar
Si bien no era un calendario muy preciso, los muiscas conocían el solsticio de verano (el día más largo del año) (21 de junio). Esa era la fecha indicada para rendir culto al Dios Sol, Xué. El templo de Sué estaba en Sogamoso, la ciudad mas sagrada del sol y sede del Iraca (sacerdote). De ese culto viene el nombre de la ciudad: Suamox o Sugamuxi. Una procesión de la corte del Zipa se dirigía a la templo del sol y el día era motivo de gran fiesta y alegría entre el pueblo que se pintaban y se embriagaban con chicha. Ofrendas eran presentadas a Sué para pedir por la bendición de las cosechas anuales. También era el único día en el cual la gente podía ver al Zipa.
Mitología [editar]
Artículo principal: Mitología muisca
La mitología muisca estaba muy bien documentada gracias a que el territorio de la Confederación Muisca fue escogido como sede de la administración colonial en una nueva unidad administrativa de un territorio más vasto conocido como Nuevo Reino de Granada. Ese factor permitió que los más destacados cronistas se establecieran en Bogotá y recopilaran mucha información de primera mano.
Xué (El Sol): era el padre del partenón muisca y su templo estaba en Sugamuxi o Suamox (Sogamoso), ciudad sagrada del sol. Era este el dios más venerado, especialmente por los súbditos del Zaque que se consideraban hijos de Xué.
Chía (La Luna): su templo estaba en lo que hoy conocemos como el municipio de Chía y era venerada especialmente por los súbditos del Zipa, que se consideraban sus descendientes.
Bochica: este misterioso personaje no era propiamente un dios, pero era digno de gran veneración. Como sucede con seres mitológicos de otros pueblos, quizá se trate de un antiguo jefe o héroe inmortalizado en los relatos que protagoniza. Dice de él el relato que en la sabana, vivían los muiscas, pero se habían cansado de las inundaciones, que podían ser causadas o por Huitaca, la hermosa y malvada mujer, o Chibchacum, el protector de los agricultores. Entonces, del cielo salió un arcoiris, y de él bajó un hombre blanco, con barbas blancas y túnica. Éste dijo llamarse Bochica y les enseñó a tejer. Bochica escuchó las quejas de los Muiscas sobre las inundaciones, y con su bastón de oro partió dos piedras al borde del precipicio donde terminaba la Sabana y salió toda el agua, creándose el Salto de Tequendama. Bochica castigó a Huitaca y Chibchacum, la primera convirtiéndola en lechuza, y obligándola a cargar el cielo. A Chibchacum, lo obligó a cargar la tierra, y cada vez que se la cambia de hombro, la tierra tiembla.[cita requerida] Se creía que los Zipas eran descendientes de la luna (Chía) y los Zaques del sol (Xué).


La estatua de la Diosa del Agua fue tallada en piedra por la escultora bogotana María Teresa Zerda. La Diosa del Agua - Sie se identifica con Bachué.
Bachué: la madre de los muiscas. Dice de ella el relato que un día, de la laguna de Iguaque, salió una mujer esbelta y bella, con un niño en sus brazos. Ella (Bachué), se sentó a la orilla de la laguna y esperó hasta que su hijo creciera. Cuando este alcanzó la edad suficiente, se casaron y tuvieron muchos hijos, siendo estos hijos los muiscas. Bachué les enseñó a cazar, cultivar, respetar las leyes y adorar a los dioses. Bachué fue tan buena, que los mismos muiscas se referían a ella también como Furachoque (Mujer Buena, en Chibcha). Cuando ya eran muy viejos, Bachué y su Hijo-Esposo decidieron volver a Iguaque y se convirtieron en serpientes sumergiéndose en el lago. Ese día los muiscas, a pesar de su tristeza sabían que Bachué, su madre, era feliz. De la leyenda existen otras versiones. Por ejemplo aquella que dice que después de sumergirse en Iguaque, Bachué asciende al cielo para converirse en Chía, mientras que en otros versiones Chía es una diosa diferente de Bachué.
El Dorado
En 2000 la Bonne Radford produjo una película de dibujos animados a la que tituló The Road to El Dorado La ruta hacia El Dorado. En ella dos aventureros españoles se embarcan en la misión de encontrar la "Ciudad de Oro". La película mezcla elementos de las culturas Azteca, Mayas e Incas, e incluso representa a Hernán Cortés, conquistador de México. La misma fue un éxito mundial, salvo que descontextualiza completamente el origen de la leyenda. El Dorado tiene como origen la Confederación Chibcha y la misma nace de la antigua tradición del Zipa de ofrendar dones a la diosa Guatavita en la laguna del mismo nombre. Dicen los relatos que el Zipa se cubría completamente de oro. Esa tradición que fue conocida por pueblos circunvecinos a los muiscas, atrajo muy especialmente a los españoles que atravesaron las selvas colombianas y venezolanas en búsqueda de una Ciudad de Oro con tesoros fabulosos. De esta leyenda y su legitimo origen colombiano, viene el nombre de Aeropuerto Internacional El Dorado de Bogotá.
Arquitectura
Los muiscas construían sus casas utilizando como principal material la caña y el barro para hacer las tapias llamadas bahareque. Las casas comunes eran de dos formas: unas cónicas y otras rectangulares. Las primeras consistían en una pared en círculo hecho de palos enterrados como pilares más fuertes sobre los cuales se sostenía de lado y lado un doble entre tejido de cañas cuyo intersticio era tupido de barro. El techo era cónico y cubierto de pajas aseguradas sobre varas la profusión de tales construcciones en forma cónica en la sabana de Bogotá, dio origen a que Gonzalo Jiménez de Quezada le diera a esta altiplanicie el nombre de Valles de los Alcázares. Las construcciones rectangulares consistían en paredes paralelas también de bahareque, como las anteriores, con techo en dos alas en forma rectangular.
Tanto las construcciones cónicas como las rectangulares tenían puertas y ventanas pequeñas. En el interior el moblaje era sencillo y consistía principalmente en camas hechas también de cañas, llamadas barbacoas, sobre las cuales se tendía gran profusión de mantas; los asientos eran escasos pues los indígenas solían descansar en cuclillas en el suelo. Además de las casas comunes existían otras dos clases de construcciones: una para los señores principales, probablemente jefe de tribu y de clan, y otras para los jefes de las confederaciones chibchas, como los Zaque y los Zipas.
Historia
La historia precolombina de los muiscas es en realidad pobre por la pérdida de mucho material que permita una reconstrucción detallada a causa de las guerras de conquista durante el siglo XVI. Todo lo que sabe de los muiscas precolombinos es gracias a la tradición oral, las crónicas de los conquistadores y a las excavaciones arqueológicas adelantadas especialmente después de la Independencia.
Antecedentes [editar]
Artículo principal: Arqueología de Colombia
Las excavaciones realizadas en el área del Altiplano Cundiboyacense dejan evidencias de una gran actividad humana en ese territorio a partir del periodo arcaico, es decir, hace más de 10 mil años, al inicio del Holoceno. Ello terminó una hipótesis tenida como válida durante el siglo XIX que los muiscas habían sido los primeros habitantes del Altiplano. Colombia cuenta además con uno de los yacimientos arqueológicos más antiguos del continente, El Abra cuya edad es datable incluso hasta de hace 13 mil años. Otros vestigios arqueológicos relacionados con El Abra determinan una cultura agrícola denominada abriense. Por ejemplo en Tibitó se encontraron artefactos abrienses datados a partir del 9740 a. C. y en la Sabana de Bogotá, en el abrigo de Tequendama otras herramientas líticas que datan de un milenio más tarde elaboradas por cazadores especializados. Entre los hallazgos más apreciados se encuentran esqueletos humanos completos del 5000 a. C. Los análisis han demostrado que los abrienses eran otra etnia diferente a los muiscas con lo que se termina la hipótesis de que estos ocuparon un territorio vacío.
Poblamiento muisca]
En la actualidad los estudiosos coinciden en que el grupo humano muisca inmigró hacia el Altiplano Cundiboyacense en una época comprendida entre el 5500 a. C. y el 1000 a. C., es decir, durante el periodo preclásico por las numerosas evidencias arqueológicas encontradas en sitios como Aguazuque y Soacha. Como todas las culturas del preclásico, los mismos estaban en una transición entre cazadores y agricultores.
Desde 1500 a. C. arribaron a la región grupos de agricultores portadores de tradiciones cerámicas incisas provenientes de las tierras bajas que inician la ocupación a través de los valles de vertiente. Estos grupos tienen viviendas permanentes y campamentos estacionales. Entre sus actividades económicas se destaca la explotación de fuentes de aguasal. En el sitio de Zipacón son reconocibles las evidencias de agricultura y alfarería más antiguas de la altiplanicie, y datan del año 1.270 a. C.
Entre el 500 a. C. y el año 800, llegó una nueva oleada de pobladores al Altiplano Cundiboyacense cuya presencia está indicada por cerámica pintada y por obras de adecuación agrícola y de vivienda. Estos grupos permanecen hasta la época de la conquista española y han dejado abundantes huellas de su ocupación mediante las cuales y con la ayuda de los testimonios escritos del siglo XVI se puede reconstruir en forma detallada su modo de vida y organización sociopolítica. Al parecer los muiscas se integraron a la población que estaba antes que ellos, pero fueron los muiscas los que definieron el perfil cultural y la lengua estrechamente relacionada con la de los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta (Kogui, Ijka, Wiwa y Kankuamo) y la vertiente de la Sierra Nevada del Cocuy (U'wa).
Historia muisca
Ver Mitología muisca, El Dorado, Conquista Española
Hasta 1450, todo lo que se narra antes de esa época, es de carácter mitológico, por cuanto se daba mas la influencia de las leyendas de personajes divinos y semidivinos dentro de la cosmogonía muisca. Sin embargo, gracias a la tarea de los cronistas de la época de la conquista y colonia de las Indias (como el de Lucas Fernández de Piedrahíta), se ha podido reconstruir los últimos años de existencia histórica de los muiscas.
Las guerras civiles e intertribales
Con la ascención del Zipa Saguamanchica, este se mantuvo en constantes guerras contra diferentes tribus hostiles en sus cercanías como los sutagos, fusagasugaes ( a los que sometió capturando y subordinando a su maximo cacique Usatama y sobre todo los panches, lo que sería un serio problema para sus sucesores Nemequene y Tisquesusa en los años venideros. Así mismo tenían que estar pendientes de las oleadas de invasores caribes y de la lucha hegemónica con los Zaques de Hunza por el mando del territorio muisca, principalmente por las minas de sal que eran preciadas para la economía y al tiempo con los caciques rebeldes que se alzaban en su contra.
Se sabe que Saguamachica dominó a los Sutagaos o Fusagasugaes, al cacique Ubaque que incendio el pueblo de Usme, para conquistar e3l corazón de la hija del Zipa Usminia, pretexto de la guerra entre dos clanes rivales, finalmente conquistó la confederación de Guatavita, pero este cacique tras su derrota se alió con el Zaque de Hunza Michúa, con quien marchó a la batalla, a pesar de la impresición de los registros históricos se cree que ambos ejercitos sumaban uno 30.000 hombres y que el campo de batalla seria cerca de Chocontá, en el transcurso de la batalla tanto el Zipa como el Zaque murieron, dando la retirada de los dos bandos en contienda. Sucedidos el Zaque por Quemuechantocha y Zipa por Nemequene. Este ultimo se destacó en los siguientes años como una especie de "Carlomagno Muisca" tanto legislador como conquistador. Rechazaría continuamente las invasiones Panches, fortificaría las fronteras, ademas tificaría los delitos y dictaría normas estrictas de investigación juzgamiento. Finalmente se lanzaría a la conquista de las tierras del Zaque, en una batalla similar en Chocontá se enfrentó a Quemuechantocha, pese a que los ejercitos del Zipa inclinaban la balanza Nuemequene fue herido por una saeta y retirado del campo de batalla murio unos días despues, lo que provocó la retirada de sus fuerzas, su general Sagipa cubriría la retirada. Sucedido por su sobrino Tisquesusa se sabe que adelantó una tregua con el Zaque, mientras organizaba sus ejercitos. Pero fue sorprendido por los españoles derrotado y finalmente muerto en Facatativá 1537. Quemuechantocha, Tundama, Suamox cayeron con facilidad ante los poderosos ejercitos europeos.
La conquista española del territorio
Mientras los gobernantes muiscas se enfrascaban en guerras cíviles, los conquistadores españoles ya se adelantaban en conquistar el territorio colombiano. Algunos de ellos Sebastián de Belalcázar, Gonzalo Jiménez de Quesada y Nicolás de Federmann, interesados en la búsqueda del tesoro de El Dorado. Avisados de la inminente presencia de los nuevos invasores, los gobernantes muiscas se valieron de ellos para terminar sus conflictos con las tribus hostiles pero una vez terminadas sus diferencias con ellas, los españoles pronto se aprovecharían de la situación para conquistar la confederación y legitimar sus actos ante la Corona española.
Muertos los últimos soberanos muiscas (Sagipa y Aquiminzaque), los caciques y el pueblo se alzaron tardíamente contra los nuevos dominadores hasta 1542 cuando el conquistador Gonzalo Suaréz Rendón finalmente sofocó los últimos movimientos de resistencia. Inicialmente la confederación fue repartida por Belalcázar, Federmann y Quesada hasta que la corona designó a éste último como adelantado de los cabildos de Santa Fe (sic) y Tunja.
Últimos soberanos muisca Zipas de Bacatá:[10]
Meicuchuca (1450-1470)
Saguamanchica (1470-1490)
Nemequene (1490-1514)
Tisquesusa (1514-1537)
Sagipa (1537-1538)
Zaques de Hunza:
Michuá (hasta 1490)
Quemuenchatocha (1490-1537)
Aquiminzaque (1537-1541)
Muiscas como colonia
Conquista Española
Desaparecida la estructura de las dos confederaciones muiscas como estado soberano, este pasó a integrar la realidad de las colonias españolas en América. El territorio de las confederaciones muiscas, ubicado en una de las regiones más fértiles de los Andes colombianos, el Altiplano Cundiboyacense y que había dado como resultado una de las civilizaciones más avanzadas de la actual Colombia, fue escogida por los españoles como cabeza administrativa de una región mucho más grande a la que llamaron "Nuevo Reino de Granada". Ese hecho ocasionó que la clase alta, la nobleza y la casta sacerdotal muisca fueran eliminados y sólo quedaran las capitanías. También posibilitó que los españoles más intelectuales se interesaran por la civilización y registraran mucha información. Los mejores terrenos en cambio fueron para los conquistadores y se constituyeron los resguardos indígenas para albergar a la población muisca sobreviviente, que al mismo tiempo fue sometida a encomiendas o sea a la obligación de trabajar en las haciendas apropiadas por los jefes españoles. La época colonial contribuiría a dar una importancia creciente a Santafé, la antigua Bacatá, que jugaría un papel primordial en las luchas de independencia y de consolidación republicana. La guerra de independencia que implicó la unidad de propósito político de los que serían tres naciones (Colombia con Panamá, Venezuela y Ecuador), fue liderada por los criollos, es decir, los descendientes de los conquistadores. En tal caso la participación de los afroamericanos, indoamericanos y mestizos fue más bien como soldadesca, no menos importante porque fueron los que pusieron el pecho a los poderosos ejércitos realistas mejor preparados.
Siglo XX
Después de la independencia (1810) el nuevo estado criollo propició la disolución de los resguardos, de los cuales subsistieron solamente el de Tocancipá. En 1940 fue repartido[16] y queda el de Sesquilé que fue recortado por el concejo municipal, hasta quedar solamente el 10 por ciento de su tamaño original. El de Tenjo después de 1934 quedó con tan sólo 54 hectáreas. El resguardo de Cota fue reconstituido con un lote de tierra comprado por la comunidad en 1916, reconocido entre 1991 y 1998, cuando fue retirado el reconocimiento a la comunidad, que lo recuperó en 2006, pero la formalización del resguardo está en trámite.
En 1948 se prohibió la fabricación de chicha de maíz[17] que no fuera pasteurizada y embotellada en envase cerrado de vidrio. Éste fue un golpe cultural a los indígenas y al consumo de la bebida tradicional muisca, que disminuyó los ingresos de muchas familias de origen indígena y se agregó a la pérdida de las tierras. La prohibición rigió hasta 1991. El Festival de la chicha, el maíz, la vida y la dicha se celebra en el barrio bogotano de La Perseverancia (principal sitio de producción de chicha) como una muestra de las tradiciones ancestrales de alegría e identidad.
Siglo XXI
Desde 1989 se ha dado un proceso de reconstrucción de los cabildos indígenas por las comunidades muiscas sobrevivientes. Actualmente cuentan con Cabildo en funcionamiento las comunidades muiscas de Suba, Bosa, Cota, Chía y Sesquilé. Los diferentes cabildos se reunieron del 20 al 22 de septiembre de 2002 en Bosa en el I Congreso General del Pueblo Muisca y constituyeron el Cabildo Mayor del Pueblo Muisca, que se afilió a la Organización Nacional Indígena de Colombia ONIC. Se propusieron la recuperación lingüística y cultural y la defensa del territorio actualmente ocupado, frente al ordenamiento territorial que se quiere imponer para planes urbanísticos y de turismo. También apoya a las comunidades muiscas como las de Ubaté, Tocancipá, Soacha, Ráquira y Tenjo, para que defiendan su identidad y recuperen su organización y derechos específicos.


Comunidad descendiente de los muiscas en Bosa, se observa la degradación de esta cultura y el intento por recuperarla
Los muiscas de Suba se opusieron con éxito a la desecación de la laguna de Tibabuyes y lograron la recuperación del Humedal de Juan Amarillo. También han defendido la reserva natural del cerro de La Conejera, que el acta de disolución del resguardo considera tierra comunal y por lo tanto inalienable. la revista Suati (Canción del Sol) divulga poesía y otros trabajos literarios y de investigación de autores muisca. La comunidad de Bosa ha logrado desarrollar con éxito un proyecto de recuperación y ejercicio de la medicina tradicional, en conjunto con el Hospital Pablo VI y con la Secretaría de Salud Distrital de Bogotá. la comunidad de Cota adelanta un programa de soberanía alimentaria, ha reintroducido el cultivo de la quinua y realiza periódicamente eventos de trueque de sus productos agrícolas, pecuarios y artesanales y participa de los mercados campesinos que en Bogotá organiza el Comité de Interlocución Campesino y Comunal.
Hacia finales del año 2006 éste es el informe de la población muisca contemporánea:
3 cabildos muiscas: Cota, Chía y Sesquilé con una población de 2318 personas.
En el Distrito Capital están censadas 5186 personas pertenecientes a la etnia muisca, principalmente en las localidades de Suba y Bosa.
Ello no cuenta otras comunidades muisca en otros sectores del territorio de las antiguas confederaciones ni de Colombia y no tiene en cuenta el mestizaje, es decir, las personas que tienen ancestros muiscas.
Desde algunas perspectivas políticas, la cultura muisca desapareció con el fin de la estructura politico-organizativa de las confederaciones de Hunza y Bacatá a principios del siglo XVI. Incluso se dice que el idioma muisca murió definitivamente hacia finales del siglo XVIII. Pero dicha percepción es un desacierto histórico y una negación cultural. Por el contrario la cultura muisca vive, está presente de una u otra forma en la cultura nacional colombiana y está presente en muchas comunidades campesinas que han sobrevivido los convulsos siglos que arrebataron la soberanía de un pueblo que todavía tiene mucho que aportar.
En Panamá, existe un mágico lugar donde el tiempo parece no haber dejado huella, la naturaleza está intacta y la bienvenida la da una bella danza de patos del monte, garzas y mariposas.Sólo se puede llegar a él, a través de la extensa represa del Bayano, entrando por el río Majé.Allí vive una comunidad indígena llamada "Emberá - Wounaan". Ellos conservan todas las costumbres y sabiduría de sus antepasados.Su origen se remonta al principio de la Creación. "Tatzitzetze"* (1) creó el universo, el hombre y las cosas.Cuatro mundos delante y cuatro mundos detrás de la tierra con sus dioses y poderes.De "Tatzitzetze" surge "Caragabí", el amo de este mundo, quien con los años adquiere fuerza y conocimiento. "Caragabí" se dedica a hacer muñecos de una roca llamada "Mompahuará".Después de varios intentos como no le quedan bien, pide ayuda a "Tutruica" dios del mundo "Armucura".* (2)"Tutruica" le obsequia un pedazo de barro, con el que logra darles vida soplando en sus frentes, manos y pies."Caragabí" estaba muy orgulloso de su obra: Un hombre y una mujer.Ellos fueron castigados y transformados. El hombre en sol, llamado "Humantahú" y la mujer, en luna, la llamó "Gedeco".Después, "Caragabí" agregó las estrellas, estableció el número y comportamiento de la naturaleza y sus criaturas.Dio a cada cosa su nombre, su lugar y su trabajo; estableció leyes y el respeto a la vida humana, dando un orden definitivo a este mundo, pero se dio cuenta que el mundo no tenía agua.Envió a una paloma a buscarla en otros mundos, pero ésta no volvió.Una noche, "Caragabí" soñó que en su mundo sí había agua y envió a un periquito a buscarla, éste la encontró en una cueva donde vivía una mujer llamada "Genzera".La cueva estaba cerrada, dentro tenía mucha agua cristalina y peces, pero "Genzera" no quiso abrir la puerta.El dios "Caragabí" se presentó y le pidió agua, pero la mujer no respondió. Ante su silencio, él echó abajo la puerta y el agua salió. Como castigo por su maldad, cortó a "Genzera" en dos partes, pero ella no murió.Se convirtió en una gran hormiga negra que porta agua en su boca para dejarla en un árbol hueco llamado "Genené".El árbol "Genené" tiene un lugar especial. Dicen las tradiciones que los mares proceden de su tronco; los ríos de sus ramas, los riachuelos y arroyos de sus brotes grandes; y los pantanos de sus brotes chicos.Se cree que el árbol "Genené" y la roca "Mompahuará" están juntos en un lugar especial, rodeados de cuatro fuegos.Así se quedarán hasta el fin del mundo, cuando la roca se abrirá y el fuego crecerá formando un río ardiente que purificará la tierra y la hará más hermosa.De este origen provienen los "Carib", y de él el grupo "Chocó", que por su diferente lenguaje se divide en "Emberá - Wounaan".(1) Primer Padre o Padre de Todos.(2) Uno de los 8 Mundos creados por Tatzitzetze.

1 comentario:

Pili dijo...

No entiendo porque este articulo no tiene buenos comentarios! esta muy completo, me parece muy bueno que haya alguien que se interese por estos temas. No se trata de rescatar tradiciones, si no de conocer un poco mas sobre otras culturas con las que convivimos y aprender a respetarlas